THE CHARLES HOUSE BAND

Charles House Band es el nombre con el que se presenta el músico vagabundo, hombre orquesta, trotamundos, antropólogo y prehistoriador Dº Ricardo Canet  , más conocido como Kaneo aquí por las merindades de la Marina Baixa. Se bautizó con este nombre por su afición a la marca de güisqui homónima.

Hablemos de Ricky, el  es ante todo un humanista, no como corriente filosófica, sino como alguien tiene y que exporta verdaderos valores humanos. Es una mezcla de hombre solitario, eremita y franciscano que camina por el mundo ofreciéndolo todo sin buscar nada a cambio, más que satisfacer su gran apetito por el conocimiento de nuevas  culturas y almas de diversa índole. Para mí, su música es una excusa, es su máscara que usa  para comunicarse con la sociedad, con la naturaleza, con los espíritus. Su arte se alimenta con  su caminar , con su periplo de músico trotamundos, como un juglar de la bohemia más delirante. Misión la suya que no debe cesar nunca por que el es un héroe solitario que el mundo necesita.

El es una especie de cantautor  country –punk paleolítico, un Johnny Cash aborigen pasado de peyote, pero que en el fondo no es más que un vagabundo sincero , que quiere ser libre y lo es y que  está lleno de corazón y de ternura que expresa a su manera  como el eterno adolescente que es.

Normalmente se acompaña de su guitarra, una  armónica y de una sección rítmica compuesta por el bombo y diversos artilugios como cascabeles y panderetas que mueve con los pies  y que continuamente innova, como  ahora que  se está fabricando una maleta- bombo. Sus ritmos suelen ser shuflles primarios (Con la botella de whiskey o Estrellas en el mar) llevados con guitarra y armónica que  acompaña con un mantra de bombo a negras que en muchos casos acaban acelerándose hasta la demencia, aunque también le pega a rockanroles de toda la vida a lo bestia y a lo bruto, metiendo la directa desde la primera curva y sin cambiar(Con la botella de whiskey escondida en los bolsillos de mi chupa), pero también le pega a baladas transfronterizas como la preciosa musicalización del poema de León Felipe(Ya no hay locos) o un chulísimo  western-instrumental como es: Una de l’oest .

Pero lo más importante son sus letras que hablan de lo de toda la vida: de amores y olvidos, de soledad y borracheras hasta llegar a la amnesia, ¿Qué coño pasó en el Café Gijón? del repugnante y aburrido mundo laboral (Soy una perra de la DGA, que debería ser el himno oficial de la administración aragonesa).

Compone sus canciones a escupitajo limpio y  a borbotones entre intervalos rítmicos y parones súbitos sin importarle lo más mínimo ni la métrica, ni la melodía porque lo más importante es su poesía.

Porque Ricky Canet es  el hombre de tripas abiertas, el hombre transparente aquel que nunca supo mentir. Es la esperanza humana, aquel  que lleva el fuego en su antorcha esperando para acercárselo a la última tribu perdida y llegar hasta el faro del fin del mundo.

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