Anotaciones sobre Lonely Boy, Historias de un Sex Pistol, por Steve Jones.

Ante todo, que quede claro que éste no es un libro sobre los Sex Pistols. Aquí Steve Jones escribe sobre Steve Jones, y lo hace de la mano del periodista Ben Thompson. Me hubiera gustado que el libro cayese en mis manos en su lengua original, pero en su lugar me encontré con una hábil traducción del mismo al castellano que incluía notas explicativas que aclaraban cualquier juego de palabras y que dejaba ver el significado de muchas expresiones cockney de ésas que normalmente no hay dios que se las traduzca al lector de cultura no sajona. En cualquier caso, estamos ante una autobiografía más que válida de este icono del punk que con toda honestidad nos relata su trayectoria vital, que va desde su más tierna infancia en Londres hasta su actual trabajo como DJ en algún lugar de las turbulentas ondas radiofónicas de Los Ángeles. Y aunque el protagonista de esta historia se empeña en que es Malcolm McLaren quien adoraba todo ese rollo dickensiano que siempre se ha asociado a los Sex Pistols, es precisamente él el que lo ensalza describiendo a su mánager como a un Fagin moderno. La única diferencia estaría en que, en lugar de convertir a sus chicos en meros delicuentes, además los dejaría retratados a nivel planetario como unos retrasados e inadaptados sociales que apenas dominaban sus instrumentos. 

Portada de Lonely Boy
Steve Jones

La historia comienza a mediados de los 60 en las malas calles de Shepherd’s Bush, un barrio de Hammersmith, al oeste de Londres. Lo primero que me sorprende es una voz casi vulnerable que promete llenarnos de confesiones que, a día de hoy, hay veces que no lo dejan dormir. Es como si te soltase a grito pelado que está a punto de firmar toda una joyita de la literatura bíblica del rock de cuyo contenido no se siente orgulloso. Y así se presenta Jonesy, como un pilluelo de barrio, hijo de unos teddies de clase media, que sueña con una vida mejor. El primer elemento melodramático ya lo vive prácticamente antes de nacer, cuando es abandonado por su padre, al que apenas le da tiempo casi de saludar. Si a ello se le suma cierta indiferencia por parte de su madre y el hecho de que sufrió abusos sexuales a manos de dos hombres, uno de ellos su padrastro, es fácil comprender cómo desarrolla una adicción al sexo que trata de saciar casi con cada mujer que se presenta en su vida. Otra de las adicciones de que nos habla constantemente, no exenta incluso de cierta carga sexual, es la de robar; y va a ser precisamente esta costumbre la que ponga cierto ritmo y motor a cada una de las partes del libro.

Shepherds Bush. 1950’s-60’s

No es en vano que haya elegido un título tan significativo como Lonely Boy, ya que no sólo es una canción de su autoría, sino también una expresión que define de manera precisa su forma solitaria de hacer las cosas que más le importaban: robar y amar, siendo esta última un reducto de sexo de una sola noche donde tenía inconscientemente prohibido que aflorara sentimiento alguno ni relación profunda posible.

 El chico invisible que vestía camisas Ben Sherman

 

A lo largo del documento deja claro que lo que realmente le influyó fue la contracultura de los años 60, vamos, que no por mucho punk que fuese, estaba en contra de los aires hippies o psicodélicos en la música, pues Jimmy Hendrix fue para él notablemente importante. También escuchaba bluebeat, ska, las excelencias de la Motown, The Who, y cómo no, a Prince Buster. De hecho, cuenta con cariño sus impresiones embebido en los primeros días de los skinheads, cuando aún no había racismo ni el Frente Nacional hubiera metido las narices.

Ben Sherman Crusade

Otra de las constantes que nos ayuda a entender por qué, a pesar de cometer robos importantes y reiterados, no acaba preso casi en ninguna ocasión es lo que él llama su “capa de invisibilidad”. Él mismo lo describe como una especie de súper poder que conseguía a base de tener siempre una buena apariencia. Así que nos encontramos con un ladrón de guante blanco que pasa por varias fases: Desde el skinhead que roba juguetitos caros hasta el dandy que se hace con coches de lujo, pasando por un interminable arsenal de instrumentos y accesorios musicales que obtenía de grandes conciertos, muchos de los cuales habían sido dados por algunos de sus referentes, como el caso de Bowie.  Es casi inevitable acordarse de aquella canción casi kármica del Ziggy Stardust, “Hang on to yourself”, que decía “The bitter comes out better on a stolen guitar” (La amargura suena mejor con una guitarra robada) …Así que, obedeciendo al Duque, roba el equipo de Bowie en el Hammersmith Odeon, y después sale en las noticias de Capital Radio al día siguiente. Su primer momento de fama como delincuente invisible.

El Hammersmith Odeon por aquel entonces. Maravilla Art Deco convertida en altar del rock.

El Sexo en la Hierba es Gratis

 

Cuando conoce el Let it Rock, que era la primera tienda de Malcolm McLaren y su mujer, la diseñadora Vivienne Westwood, nos explica cómo le cambia la vida esta pareja que él adopta como una especie de padres artísticos. A lo largo del libro lanza unos cuantos argumentos a favor de McLaren dejando claro que éste no planeó todo lo que ocurrió con Sex Pistols, sino que la propia actitud de los personajes hizo que todas las piezas fuesen encajando por su propia inercia hasta perpetrar una historia maldita. Otro de los detalles de archivo es el hecho de que Malcolm lo libró del talego en 1974 cuando convenció a los jueces de lo prometedor que sería nuestro chico a la hora de dejar a los jóvenes un gran legado subcultural. Ahí es nada…

McLaren en la puerta de su Let it Rock. 1971.

Por otro lado, es cierto que tal vez la primera época del Let it Rock fuese una de sus etapas más felices. Ya no es sólo la etapa de la experimentación con Paul Cook, o Cookie, como él lo llama, de cuando se reunían para tocar temas de los primeros Roxie Music, o de los Faces, tratando de emular incluso sus tempos, sino también la época en la que McLaren le presenta al bajista Glen Matlock, un buen chico que trabajaba en esa tienda. No es que no les gustase en absoluto, al contrario, al parecer era alguien que todo lo hacía bien, pero era como el pijo del grupo. Un músico que tal vez encajase en la tónica de una formación como Yes, pero no en esa banda que estaban a punto de formar.

En principio fueron Kutie Jones y sus Sex Pistols, donde Steve Jones llegó a dar un primer bolo como guitarrista cantante, pero se dieron cuenta de que el puesto de frontman no era lo suyo. Malcolm le sugiere que necesitan un cantante a gritos, y en parte eso le duele a Steve. Es posible que por esto nuestro autor haya borrado de su memoria cómo fue exactamente su primer encuentro con Lydon, pero recuerda que se barajaron nombres como el cantante de The Damned, Mick Jones, de The Clash, e incluso Chrissie Hynde. Y en realidad no sabía qué tenía de bueno aquel chico que entró en la tienda para ser elegido como cantante. Tan salvaje, tan escandaloso…Cuando se ponía con las pruebas del micro, ¡Ay, amigo…! Más valía que apareciesen subtítulos debajo de su cara porque a ver quién era el guapo que descifraba lo que farfullaba el Rotten. Pero sus frases surrealistas e ininteligibles del estilo “el sexo en la hierba es gratis” se ganaron al final el aprecio de Jonesy…así como un sentimiento de admiración-odio que dejará ver a lo largo de su relato. Admiración hacia este inefable geniecillo que con tan sólo 19 años escribió Pretty Vacant y Anarchy in the UK.

McLaren & Rotten. Terrible kids.

Con ustedes, los Sex Pistols: Asesinos jóvenes y atractivos

               “Sí, tíos, disléxico, con TDAH galopante sin diagnosticar, y todo lo que

                queráis, pero acabé en el puesto 97º de los mejores guitarristas de

                todos los tiempos.”

 

Merecidamente o no, nos cuenta que creó su propia técnica y virtuosismo con la guitarra a base de velocidad. En un principio fueron las dichosas Black Beauties, unas pastillas para adelgazar que potenciaban la concentración, y de las que trata de sacar el máximo partido aprovechando la siniestra dictadura estética de McLaren de que tenían que estar muy delgados si querían ser punks de marketing.

 

Pero Jones no se conformaba con ser el punk de marketing de Malcolm; aspiraba a crear su propio muro de sonido. “¡Y que se joda Phil Spector!”. De hecho, se vanagloria de fuesen los causantes de que existiesen bandas como los Clash, Damned, e incluso Stranglers, aunque habla de todos ellos con mucho respeto. Sin embargo, omite el hecho de que las mismas influencias que tuvo su banda, también lo fueron de forma directa de los grupos que nombra.

 

Es en este apartado donde apunta como una gran época de prefama la del festival punk del Club 100, y donde pone de manifiesto que los momentos más felices que recuerda la banda son aquellos en los que no eran conocidos:

 

               “Son siempre los momentos más puros y genuinos, cuando el grupo

                 siente que es uno contra el mundo (…) me gustaría volver atrás en

                 el tiempo y vernos los cuatro, en ruta hacia aquellos putos garitos

                 de currantes donde todos nos escupían y nos arrojaban botellas.

Matlock, Rotten y Jones en el Club 100. 1976.

¿Dónde estás, Malcolm?

 

Parecía que todo iba bien en aquel último trimestre de 1976; incluso habían dado con un productor que les gustaba (Chris Thomas), cuando el 1 de diciembre apareció Bill Grundy. Lo describe como un presentador clasista que los trataba con desdén, y que consiguió dejarlos ante el mundo como una panda de retrasados mentales. Es cierto que la mayor parte de la intervención la hizo Steve Jones, que en medio de tanto hastío se pone a decir una buena retalínea de palabrotas que no hacen más que empeorar la situación. El vídeo de esta entrevista figura en youtube, así que juzgad vosotros mismos. De cualquier manera, estos chicos fueron una triste primera plana en los tabloides del día siguiente con el titular “La Mugre y la Furia”, que apareció en el Daily Mirror. Técnica o popularmente “The Filth and the Fury” significaría “Hablar sin decir nada”

Steve y la Mugre
Los Pistols según Grundy. 1976

¿Y dónde se había metido Malcolm? Pues era predecible que adoptase alguna forma de morir matando, así que, en lugar de protegerlos, optó por dar la vuelta a todo lo ocurrido, no sólo justificando que todo cuanto ocurrió era lo divertido y fácil del punk, sino, y aquí viene la auténtica manifestación de su ego descontrolado, haciendo que todo girase en torno a sus juegos con el sistema. Fingió que todo se trataba de una estrategia planificada desde el principio, casi incapaz de reconocer que hubo un antes y un después de Grundy. Para empezar, tuvieron problemas con EMI, y en el Anarchy Tour, de repente tenían prohibido tocar en todos los sitios.

 

Para colmo, Malcolm demuestra una vez más que la música era lo que menos le importaba al poner a Sid en el lugar de Glen. Es una sorpresa ver como Steve Jones no aplaude especialmente la actitud de Glen Matlock cuando se le ocurre preguntar a Malcolm dónde iba a parar todo su dinero. Tan sólo aclara que así sólo provocó su propia expulsión y el hecho de que se quedasen sin el bajista bueno. Una consecuencia que apunta es que de aquella situación salieron temas como Holidays in the Sun, y Bodies, ya que Steve se vio presionado para componerlos prácticamente él solito tras la salida de Matlock. Pero digamos que muestra una actitud algo conformista de estrellita sobreprotegida que tiene muchas ganas de darle una colleja a Glen:

 

                             “Oye, tío, el secreto dormido estaba bastante bien

                              ¿Por qué tuviste que cagarla? “

 

 

Viva la Muerte

 

Cuando tuvieron que buscar piso en su nueva etapa con Sid, se descubre un detalle macabro que acentuaba más, si cabe, el hecho de que fuesen un producto del que poco importaba la música, sino la imagen y toda suerte de leyendas que les pudiesen acompañar con su actitud. Un detalle que dejaba ver que serían el resultado de una siniestra planificación, si bien, Jones insiste en que todo fue ocurriendo según el ritmo que ellos mismos iban marcando:

 

                          “Mientras Sophie organizaba los pisos, resultó que el alquiler

                           del de Sid era aún más breve que el nuestro. Por lo visto le

                           comentó el problema a Malcolm, quien respondió ‘No pasa

                           nada, para entonces habrá muerto’. “

  

Muy bonito, sí señor.

 

Incluso en la etapa en que Steve viaja a San Francisco para trabajar con The Avengers y Joan Jett, recibe la noticia de que Sid ha muerto, y por una extraña razón, nuestro protagonista es contagiado por esa flema:

 

                        “Bueno, al menos ahora venderemos algún disco.”

 

 

Aun así, acaba con cierta mirada de benevolencia hacia Vicious retratándolo como uno de esos individuos de “aura transparente” que siempre hubiera querido estar a la altura de la reputación que le hubiesen encomendado. Se creyó su propia publicidad, es decir, como no se llamaba Sid el Bueno, y le había tocado llamarse Sid Vicious, “estaba ocupado siendo Sid Vicious y haciéndole la vida imposible a todo el mundo.”

Sid Vicious delante del Taliesyn Ballroom, en Memphis. Enero de 1978.

El Punk y el Padrino

Jones insiste en que toda esa patraña de que el punk es “el sexo no mola”, “háztelo tú mismo”, “cuanto más cutre, mejor”, o “hay que presumir de tocar mal”, nunca se la creyeron. Muy al contrario; como ya he mencionado antes, tanto Jonesy como Cooky intentaron crear su propio muro de sonido trabajando a conciencia en las canciones y en la técnica.

La imagen era más producto de la casualidad que de la intención, ya que Steve empezó a usar el pañuelo de cuatro puntas en la cabeza (sí, ése que vemos en la portada del libro) por no poder esculpir su pelo.

Y en cuanto a los contactos, tampoco hizo ascos al hecho de que la Warner Brothers desembolsase tanto dinero al gobierno americano para garantizar el comportamiento de Jonesy en su gira americana. De hecho, se queja de la elección de Mclaren en cuanto a los sitios de esa gira para tocar. Lugares de mala muerte, repletos de palurdos vaqueros. Él quería Nueva York o Los Angeles. También deseaba que su banda la llevasen grandes productores y compañías, así como acabar la película The Great Rock’n’Roll Swindle como el diablo y rock’nroll mandan. En fin, lo normal para un punk rocker…

                                     “-¿Te ríes de mí?

                                       -Nah!”

 

 

 

¿Y los Professionals? ¿Y el Winterland?

 

Steve es de los pocos que pudieron contarnos con detalle qué pasó en el Winterland, el que fuera el glorioso bolo de los Pistols en su gira americana, pero por alguna razón no lo hace. Tal vez fue el protagonismo robado por Lydon, porque resulta que era “su noche”, y no la de Jones…Nunca se sabe. Para ello sólo contamos con las imágenes de archivo que tenemos a nuestra disposición en youtube. El señor Lydon  ofreciendo una actuación histórica con expresión grave y derrotista que cincela en un broche final con “No Fun”, repitiendo hasta la naúsea, y cuando no tocaba, la frase “No es divertido” , “Esto no es divertido”, de una forma insistente, y casi agónica,  y rematando con una declaración lapidaria:

 

                                “¿Alguna vez habéis tenido la sensación de sentiros estafados?”

 

 

Analicen ustedes y siéntanse libres.

Johnny pronuncia sus últimas palabras en el Winterland. 1979

Con respecto a los Professionals, podría haber hablado más de esta formación, con componentes tan prometedores y con temas tan memorables, pero deja ver que una vez más bloquea su mente, y lo trata de grupo maldito por algo que no recuerda bien…Un accidente de tráfico en Minesota en su primera gira americana en 1981, quizá…Y también el asunto de que, para su última gira americana, ya estaba demasiado entrampado con el jaco para poder disfrutar de las mieles de cualquier éxito.

The Professionals en los primeros 80.

Otro agujero negro es el de la mención de su bolo con los Sex Pistols en el Azkena Rock Festival, del que lo único que dice es que le cambió la vida para mal, pero no explica por qué, dejándonos en ascuas a cualquiera de sus lectores ávidos de mitomanía punkrockera que se precie. Jonesy, Jonesy, eso estuvo mal…

 

Anonimato, reinvención y resurrección

 

Exilio pactado y voluntario a Nueva York y Los Angeles. Esta parte de la historia que comienza desde finales de los 80, resulta bastante reconfortante a pesar de la larga y tortuosa carrera que describe para dejar el alcohol y las drogas. Tiene gracia que nombre a Iggy Pop como uno de sus mentores para recuperarse en esa ruta de dolor, si bien, asegura que nadie como él sabía lo que era caerse, y luego volver a levantarse en lo que a adicciones se refiere.

 

De la mano de Mickey Rourke se adentra en el mundo de las Harleys, e incluso da gracias a los accidentes de moto que ha tenido porque le hacen tomar conciencia del peligro.

 

También intenta formar una banda con Bob Dylan y Paul Simonon, de The Clash. Con este último tenía muy buena química musical, pero nunca resultó lo de grabar una canción con Bob, ya que le sorprendió de mala manera cierto choque músico-generacional a la hora de componerlas. En cambio, trabajar con Roy Orbison le pareció una delicia. Tal vez la formación más importante de la etapa fueron los Neurotic Outsiders, en 1994, que integró junto a Matt Sorum (baterista del grupo Guns N’Roses), Duff McKagan y John Taylor (de Duran Duran) al bajo. 

      

                                          “-¡¡¿De Duran Duran?!!

 

        Sí, ¿Algún problema?”

Neurotic Outsiders. 1996

“Que nadie se lleve a engaño; aquí yo misma diría que nos dejásemos de prejuicios; que vale la pena remitirse a los videos que circulan en youtube de esta formación para convencernos una vez más que entre el dilatado elenco del mainstream mas chafardero se esconden grandes fans del punk que demuestran con su éxito sus destrezas en ese código”  

Entre 1996 y 2008 los Pistols vuelven a encontrarse y a dar conciertos de manera intermitente, si bien, esta vez sonando mejor que nunca con la presencia de Glen Matlock, cosa que les vino de perlas para enmendar cualquier mal recuerdo que le quedase de ellos a todo aquel que asistió al concierto de Winterland.

 

Un poco más adelante nos ofrece una perspectiva bastante derrotista de su visión actual de los Sex Pistols: Por un lado, saca la parte positiva en el sentido de que ya no ve el punk como una moda pasajera, sino como algo cultural. Pero, por otra parte, se queja de que jamás les ofrecerían a los Sex Pistols una cantidad de dinero equiparable a la que les ofrecen a los Stones porque vuelvan a reunirse. Incluso él mismo reconoce que no puede dormir en unos laureles que algún día, en su condición de pasto de mitómanos, le fueron otorgados como “papá punk”, y admite que no es exactamente sano lo de la idea del chico solitario tanto tiempo. Explica que de alguna forma tuvo que canalizarlo a base de potenciar alguna de sus fases creativas. De ahí surgió la propuesta que le hicieron de dedicarse a la interpretación una temporada en la serie Californication, eso sí, haciendo un poco de sí mismo.

 

Un vuelo de Ave Fénix en doce pasos

No deja de resultar llamativo el hecho de que alguien como Jonesy se embarcase en el Programa de los Doce Pasos. Un durísimo sistema de enmienda a todos los niveles para dejar sus adicciones al alcohol, al sexo, y a las drogas. Junto a todo esto, aprende sobre el perdón, la autoestima, las relaciones personales, la consideración al prójimo, y la autodisciplina, que le ayuda a mejorar mucho culturalmente. También hace un gran esfuerzo por encontrarse con su padre biológico, y perdona a su madre.

El final de esta historia culmina con el nacimiento de Jonesy´s Jukebox, su programa de radio, donde hace de DJ. A propósito de esto, conoce a David Bowie, Burt Bacharah, Sly Stone o Robert Plant, que serían algunos de sus invitados de trato agradable y gratificante. No habla igual de bien de Brian Wilson, o de Jerry Lee Lewis, a quienes pone de gilipollas integrales. Incluso Rotten llegó a ser su invitado al programa, sólo que ahí se comportó. De hecho, en el libro le dedica unas palabras de reconocimiento que refuerzan esa visión inicial e idealizada que cualquiera de sus lectores hubiésemos podido tener:

 

                                  “Nadie cuestiona la contribución de John a la banda.

                                    Todo el mundo sabe que ha sido uno de los mejores

                                    vocalistas de todos los tiempos, capaz de cristalizar

                                    lo que éramos en palabras, actitud y estilo vocal.”

 

A principios de 2009, su emisora de radio cierra. En 2010 M. McLaren muere, y eso supone un duro golpe para él. Después de todo ello, vuelve a la radio completamente regenerado, y desde su estadio actual, nos describe su trabajo.

 

Merece la pena destacar lo mucho que se ríe de los clichés y los cánones estéticos establecidos. Se ríe de las crestas, arreglo estilístico con el que jura no haber tenido nunca nada que ver, y finaliza dándonos a toda una colleja aleccionadora en cuanto a qué NO es rock’n’roll, que aquí cito a continuación:

 

“COSAS QUE NO SON ROCK AND ROLL

Alopecia

Papada

Metacrilatos en torno a la batería

Monitores in-ear/tapones/injertos de cabello

Guitarras Steinberg (esas negras y pequeñas que no tienen pala)

Publicistas

Cajas de ritmos

Pistas de claqueta

Paul Shaffer

El Rock & Roll Hall of Fame

Blancos con rastas

Viejos que se hacen un lifting

Viejos que tratan de parecer jóvenes

Blancos que van de enrollados

Blancos tratando de bailar

Conciertos benéficos

Encuentros organizados con los fans (bueno, con las fans, sí)

Sandalias

Selfies

Comida sana

No haber sufrido venéreas

Ser viejo

Teñirse las canas de negro

Pases de acceso “All Areas”

Gilipollas que se quedan a los lados del escenario

Gilipollas que dicen que te vieron hace cuarenta años, pero que entonces te odiaban en secreto

Gilipollas que consiguen que firmes cualquier cosa para luego venderla en eBay”

 

 

Buen trabajo, Yatch Rock Man

 

 

Personalmente, recomendaría este libro, no sólo a los fans de los Sex Pistols, ni siquiera sólo a los fans del punk rock en general, sino también a todo aquel que guste de la historia del buen rock and roll, ya que en él vemos un buen repaso de toda posible conexión con muchos otros estilos, y un delicioso desfile de una galería impagable de personajes imprescindibles para lo que hoy sigue siendo la música popular.

 

Ha estado muy bien el usar la narración en primera persona como herramienta, ya que descubre un sinfín de detalles que tan sólo Jones podría darnos de primerísima mano. Absolutamente disfrutables todas esas descripciones de las fantasías estéticas que tanto le pirraban, incluida la del “Yatch Rock”, cuya invención se acredita. Gracias por ilustrarme, Jonesy. También por regalarnos todas aquellas inenarrables reconstrucciones paisajísticas urbanas que ya hubieran querido tener como escenario tantísimas películas de culto. ¡Ah!, y no nos olvidemos del ritmo dickensiano de los hechos: más acciones y menos adjetivos que entremezclan humor, mordacidad, inocencia, cierta autocrítica, y sobre todo mucha honestidad. Toda esa que cabe esperar de alguien que escribió una canción como Lonely Boy, repleta de versos sin tapujos, repleta de verdades de cuyo legado acaba hablando el autor al final del libro:

 

“Esto es el material que no vas a conseguir de ese tipo de Nickelback.”

 

 

Texto: Srta. Bon

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