BORDESTONES

… al borde de los Stones

Eso lo pillé en seguida. No eran unos Stones bordes, ni siquiera eran bordes a palo seco. Tenían unos riffs nítidos, clarísimos, adictivos. ¿Y el cantante? Por fin un tipo al que ni le tiembla la voz, ni se esconde tras los instrumentos, sino que se planta delante y te convence de que está en posesión de LA VERDAD!

Para Bordestones la historia empezó en Alicante a finales del 2010. Provenían de bandas legendarias en su tierra (Los Atónitos, El Falo De Vigo), pero para mí empezó hace cuatro días.
Estaba apalancado en mi taburete de ese pub secular que no tiene lugar, ni tiempo, ni modo de encontrarlo. Pero buéh… el caso es que, del mismo modo que Spiderman tiene instinto arácnido, yo tengo unas orejas que -invisiblemente para la gente que me rodea- crecen hasta adquirir el tamaño de cualquier conejo bien desarrollado cada vez que escucho algo que me llama la atención. Y no sé cómo, pero mi vecino en la barra del pub, que se presentó como Julius M. de Miguel SÍ vio el desarrollo de mis orejas, que sólo estaban prestando atención a lo que sonaba por los baffles, y que hablaba de una Ciudad Ardiente, “Como un balazo de pecado y neón… tantas noches de diversión como puedas pagar, y donde la hierba huele mucho mejor…”.

«Son muy burnianos» -me soltó el Julius a bocajarro- «Seguro que te gustarían». Y dirigiéndose al que pinchaba con un chasqueo de dedos, le hizo un gesto reconocible a cien leguas… un silencioso pero inconfundible mensaje: «Pon más material de los Borde, Choni».
Y así fue como me metí entre pecho y espalda joyas como “Libera Mi Alma”, un boogie rock en la mejor tradición de George Thorogood y sus Destroyers, aderezado con una diabólica armónica que te arrastra directo al infierno, alli donde, como diría Bart Simpson para defender las ventajas de ir a parar al Averno, campan a sus anchas “chicas moteras tatuadas y con encaje negro bajo sus recortadísimos shorts…”

Y hablando de chicas, pues… “Chicas”, otro R&R directo al entrecejo y su más bruñida declaración de intenciones. Así fueron sucediéndoe temas, y no podía dejar de sorprenderme lo limpio y potente que sonaban estos fieras, hasta que nos echaron del bareto a los compases de “Ultima Canción”, balada -no podía ser de otro modo- cuya acústica podría codearse con la que, como bien recordarás, trabaja la intro del “Wild Horses” stoniano.
Y ya en la calle, Julius M. me hizo una breve presentación de Bordestones. «Ya habrás comprobado que vienen de La Época Dorada Del Rock & Roll» -me endiñó a las primeras de cambio- «De cuando se cantaba a las broncas en los billares, beber con los amigos o evocar los labios ardientes de tu chati…». Yep, le doy la razón de todo corazón. E insisto en el poderío de esa rítmica, esos solos minuciosamente encajados, el bajo que retumba (¡Un bajo que puede oirse NÍTIDAMENTE! ¡Eso es prácticamente un milagro en las grabaciones de este país!), Esa batería implacable, esos platos que restallan como latigazos… y ESA voz, y ESA armónica…

Julius me replica: sí, son perros viejos… el núcleo principal lo forman Sergi -guitarra solista y también rítmica, según le pida el cuerpo-; “la hecatombe”, según Julius; Una mezcla de Lola Flores, Keith Moon, Harpo y las maracas de Machín. Joaquín es el cantante e inspirado armónica, en la más fundamental línea de Slim Jim Harpo… es decir, que resopla como si le fuera la vida en ello. Entre los dos se han montado una historia paralela, “Sergi Ymientras Tanto”, pero de eso ya hablaremos otro día. La verdad es que son dos almas gemelas, que se entienden simplemente con una mirada. Como Townshend y Moon, para poner el primer ejemplo que me viene a la cabeza. Pepe es el otro guitarra, que prefiere mantenerse más a la sombra… a pesar de que suya es la autoría de muchos de los temas Bordestonianos. Su solidez en las partes rítmicas que se curra hablan por sí solas… y llegamos ya a la seccíón rítmica. Jota al bajo, “En apariencia un poco frío, pero quizás se deba a su actividad como investigador privado”. (¿Eso va en serio, Julius?) Ya sea en el local de ensayo o en directo pasa algo desapercibido, pero es el que mejor pone orden y sentido en la banda… y ahí no puede menos que venirme a la memoria la imagen de Bill Wyman.

Y llegamos a esa máquina de percusión, lubricada y precisa como un reloj suizo potenciado por esa forma de darle a los tambores con… ¿Con qué? Pues principalmente CON VICIO, para qué nos vamos a engañar. Tengo el placer de presentar a Javi, que parapetado tras los tambores de su batería se erige el el director de la banda, que sabe darle a cada tema la cadencia y ritmo que más convienen. Domina los tempos medios, el macarrerío de los R&R chuleaguiris por excelencia, baladas echadas p’atrás, el shuffle más vacilón, las frenadas que dejan marca de goma quemada sobre el asfalto y los toques de atención antes de arrancar en tromba… un pulpo, todo pies y manos que apenas alcanzas a seguir con la vista. Todo un profesional, un verdadero técnico en el mejor sentido de la palabra.

ÚLTIMA RONDA, QUE CERRAMOS

Vale, hasta aquí hemos llegado… más o menos. He procurado describir lo mejor posible la música de los Borde, y gracias a mi vecino de barra, el tal Julius, los hemos presentado.

Desafortunadamente, y a pesar de que la opinión general es que, si son buenos en estudio, en directo arrasan, no he tenido el privilegio de verlos en vivo, y desgraciadamente el sonido de algún tema en esa condiciones colgado por internet no les hace justicia… aunque imagino que, estando AHÍ, en carne y hueso y en primera fila, debe ser toda una experiencia. No pierdo la esperanza de catarlos así algún día… todo se andará. Por el momento me sigo agarrando a sus grabaciones de estudio, y en esas condiciones se te llevan por delante sin miramientos.
Y vuelvo a la imagen de las broncas en los billares. ¿Es lícito, hoy en día, evocar estas escenas? Cualquier talibán del rock te dirá que ese tipo de letras están desfasadas, y no retratan nada de lo que se cuece en los barrios bajos de cualquier ciudad… ¿Dónde quedaron aquellos billares, los auténticos, los de tres bolas, billares que se alineaban en líneas de cinco, de diez… y que para acceder a ellos tenías que subir -o bajar, según la estructura- un puñado de escalones? Ya no existen. Ni los billares ni las broncas. Como máximo te encontrarás en el pub un solitario y desamparado billar americano, en el que ganar ya no es cuestión de técnica, sino de potra.

Pero Bordestones no pretenden ni por un momento fingir que viven así. Lo suyo es amor y respeto a esos tiempos en que éramos jóvenes, éramos fuertes, estábamos de putifa… y Corríamos Contra El Viento. Mantienen vivo aquellos sentimientos, y ni por un momento suenan nostálgicos. Se curran el Rock & Roll de Hoy. Que con el tiempo han ido afilando, puliendo y actualizando sin caer en esa música -y textos- retorcidos e incomprensibles que se marcan los Meyer, los Lesbian, los Expertos en Sol y Nieve y unos cuantos más.
Ahora sí que ya está. Están grabando un material que, por lo escuchado hasta ahora, no puede sino dispararlos más y más arriba, y más y más… Ya sea adelante en la avenida o atrás en el callejón, allí donde más cameles reinan Bordestones… Y remata Julius M de Miguel: «Escucha a los Bordes o muere, ahora o nunca, en tu barrio, en el autobús o en la parada del metro, ELLOS SIEMPRE TE ACOMPAÑARÁN!».

Y remato, bolinga perdido: «¡SÍ! ¡Porque ellos son… lo que los guiris llaman BAD COMPANY!» Y llegado a ese indiscutible acuerdo, entrechocamos nuestras jarras de cerveza con tanto ímpetu que las pulverizamos. Esa es la reacción que provocan Bordestones, el diablo y su simpatía los bendiga.

Oriol Llopis

 

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